Mi primera vez en África – Tanzania y el “pole pole»

Mi primera vez en África – Tanzania y el “pole pole»

¡Hola viajeros! Soy Eire, una madrileña viajera de 23 años, aquí cuento un viaje muy especial, mi viaje de voluntariado a Tanzania, África. No tengo claro cuál fue el momento en el que algo se despertó en mí. Al decir “Algo”, me refiero al bien conocido gen viajero. Es verdad que ya había estado en unas cuantas ciudades europeas, en Estados Unidos de intercambio, viviendo en Edimburgo unos meses y visitando algo más exótico como es China también. Pero me faltaba algo más.

Algo internamente me pedía utilizar mis vacaciones en el trabajo para cambiar de aires. Cambiar de aires en todos los sentidos e ir a un lugar muy diferente, con gente diferente y hacer algo diferente. Así es como me decidí a irme de voluntariado. No tenía claro el destino y busqué diferentes ONGs, hasta que finalmente, a través de una amiga, di con una ONG en Tanzania. Así fue como este lejano lugar se convirtió en el destino escogido.

En un principio cogí este voluntariado sola (más tarde se apuntó una amiga, así que compartí esta gran experiencia con ella), cosa que no les encantó a mis padres. Pero… ¿qué le van a hacer? acabaron asumiéndolo (aunque mucho más aliviados cuando vieron que finalmente venía una amiga).

Los preparativos para el viaje no fueron muchos, al fin y al cabo, no iba a hacer turismo, iba a vivir la experiencia del voluntariado. Aunque una vez allí sí que hicimos varias visitas.

No voy a engañar a nadie, apenas fui 3 semanas, y no creo que aportara mucho como voluntaria. Mi intención, igual que la de todos los voluntarios, era muy buena, pero hasta que no vas allí no te haces a la idea de cuáles son las necesidades reales y de qué puedes aportar. La realidad, es que no puedes aportar gran cosa, tienes que facilitarles recursos para que sean ellos mismos los que puedan crecer (¡qué bonito sería si todas las ayudas que envíamos llegaran finalmente a quienes lo necesitan!). Y tiene que ser la propia comunidad local la que lidere los proyectos. Siempre digo que este viaje me aportó más a mí que lo que yo pude llegar a aportar a ellos.

En el proyecto, trabajamos sobre todo con niños. A grandes rasgos, el proyecto consistía en construir una escuela para ellos y que mientras la escuela estaba siendo construida, algunos voluntarios dábamos clases a los futuros alumnos. De lunes a viernes, dábamos clases en la escuela, los findes los teníamos para hacer excursiones.

Los primeros días en la escuela fueron algo duros, a los niños les costaba mucho hacerse con la escuela. Algo totalmente comprensible, no solo por tener una rutina por primera vez, si no que estaban asustados, algunos de ellos no habían visto nunca a un blanco. Este hecho les chocaba mucho, además, hay que sumarle, que no hablábamos su idioma. Sabíamos decir cuatro palabras, y aunque nos ayudaban a comunicarnos los voluntarios locales, los primeros días fueron bastante duros.

Poco a poco los niños empezaron a coger confianza (algunos seguían teniendo algo de miedo, pero la mayoría fue adaptándose), y empezamos a descubrir detalles de su día a día que allí eran perfectamente normales y a nosotros nos chocaban mucho. Por ejemplo, lo normal era que la mujer no llegara ni a la educación primaria, si tenía muchos hermanos, se pondría a trabajar antes. El coste del colegio allí no era excesivamente elevado, desde nuestra perspectiva de un país de la comunidad europea, era bastante significativo. Pero allí, para la mayoría de los padres del barrio, el colegio de un solo niño suponía el 80% de su sueldo. Este es uno de los grandes motivos de la baja tasa de escolarización.

Lo que más destacaría de Tanzania es su gente, siempre tienen una sonrisa en la cara y siempre están dispuestos a ayudarte. Me quedo sobre todo con su expresión “pole pole”, literalmente esta expresión se traduciría como “despacio”. Pero viene a ser una especie de “Carpe Diem” o de “tómate tu tiempo” en el sentido más filosófico.
Una de las excursiones que hicimos fue a las cascadas del Monte Meru, mi forma física no era (ni es) gran cosa, por lo que fue un trayecto que me costó lo suyo. En uno de los tramos (bastante empinado y lleno de barro), me ayudó un chico local, mientras me repetía “pole pole”. El chico iba descalzo, y cuando le veías andar por el barro en las cuestas empinadas parecía que fuera una gacela (desde luego, era tan ágil como una). Yo andaba con prisas, por intentar alcanzar al resto del grupo, y me sentí muy reconfortada con esa expresión ¿para qué correr? tocaba disfrutar del camino, ¿quién sabe cuándo volvería a estar ahí?

No puedo contar mi experiencia en Tanzania sin hablar de los safaris. En un inicio no iba para hacer un safari, pero una vez allí, decidimos aprovechar uno de los findes para irnos dos días de Safari, a ver los parques de Tarangire y Ngorongoro. Quien haya tenido la suerte de ver animales salvajes en libertad, sabe la sensación que se tiene al ver ese espectáculo de la naturaleza en estado puro.

En este viaje fue cuando me di cuenta de lo mucho que tenemos y de lo mucho que nos quejamos. También se despertaron en mí las ganas de conocer más mundo y nuevas culturas.

Mi primera vez en África fue algo irrepetible y único. Repetiré este continente muchas veces pero nunca podré volver a tener esa sensación que sientes la primera vez en África. Podéis descubrir más cositas de mí en EIRIXY.COM

 

Por: Eire Parro, España

 

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